Y entonces fue que la oscuridad escurría, como un canal atascado, fue que entre ella y sus desechos vi a un pequeño niño de ojos grandes, llorando y con el pecho destrozado, rasgado... y un gato blanco de ojos azules me observaba, intacto, brillando en la penumbra, emitiendo luz por sus ojos como faros encendidos; caminó sobre todo esos desechos sin ensuciar su blancura, y comenzó a asesinar a aquel niño que gemía de dolor, yo deje que lo matara, pues seguía sufriendo... cuando la visión se alejaba, emprendí que tal vez ese niño era mi alma...