Lo he visto crecer retorcido, solo y cortando su sed de vivir en miles de formas, alimentado su existencia con el mismo desecho de su alma, una criatura que se mueve entre las sombras de su propia oscuridad que lo tiene preso. En busca de redención tal vez intente morir aturdido ante el flagelante corte de su negación, acostumbrando su voluntad a sentir un dolor fantasma que impide ver, que impide caminar, está lejos de sí mismo, está cerca de encontrarse con su reflejo. Beberá su propia sangre para tener calor, para alimentar su torturado y corroído corazón que ya no funciona igual, asustado buscará tranquilidad en el lugar equivocado solo para repetir su ciclo natural, procreando la propia destrucción de aquello que mantiene vivo el ligero cordón que le impide morir. En su infierno conoce la manera de purificar la noche en lágrimas que drogan y permiten detener las llamas que lo consumen, dejándolas pronto en cenizas alrededor suyo, tan innecesario, tan errante, ...