Lo he visto crecer retorcido, solo y cortando su sed de
vivir en miles de formas, alimentado su existencia con el mismo desecho de su
alma, una criatura que se mueve entre las sombras de su propia oscuridad que lo
tiene preso.
En busca de redención tal vez intente morir aturdido ante el
flagelante corte de su negación, acostumbrando su voluntad a sentir un dolor
fantasma que impide ver, que impide caminar, está lejos de sí mismo, está cerca
de encontrarse con su reflejo.
Beberá su propia sangre para tener calor, para alimentar su
torturado y corroído corazón que ya no funciona igual, asustado buscará
tranquilidad en el lugar equivocado solo para repetir su ciclo natural,
procreando la propia destrucción de aquello que mantiene vivo el ligero cordón
que le impide morir.
En su infierno conoce la manera de purificar la noche en lágrimas
que drogan y permiten detener las llamas que lo consumen, dejándolas pronto en
cenizas alrededor suyo, tan innecesario, tan errante, ya solo necesita morir,
pero sus cadenas lo esclavizan más allá de una fortuita muerte.
En sus sueños vive al borde de la muerte que añora, sueña
que vuela, sueña que renace, sueña con el viento helado golpeando su rostro al
amanecer, con el calor de un suspiro compartido e inmortalizado en el recuerdo
de una noche iluminada con la luna en su piel.
Solo en sus sueños es lo que quiso ser, y despierta en su maldición
arrojado por la oscuridad desde el más profundo agujero en su infierno y
soledad, arrastrándose ante las llamas que consumen de nuevo su ya rota
humanidad, obligado a infringirse laceración que calma sus gritos ahogados en
lo profundo del más infinito olvido.

Comentarios
Publicar un comentario